Tarde piaste, esta vez en Malasia

Tarde piaste, esta vez en Malasia

En la cumbre de Malasia, Lula da Silva reapareció con su viejo discurso de conciliación latinoamericana, ofreció mediar entre Donald Trump y Nicolás Maduro, invocando el diálogo y la paz hemisférica, pero su gesto sonó a eco del pasado, el mundo de 2025 ya no es el del Lula de 2009.

Mientras Lula hablaba de bajar tensiones, Washington desplegaba poder naval en el Caribe y endurecía su política frente al eje Caracas–Teherán, Maduro no busca mediadores, busca blindaje, su vínculo con Irán, Hezbolá y el cartel de los Soles no es un rumor, es su estructura de poder. Trump, por su parte, no ve en Lula un interlocutor, sino un espectador que llega tarde a la partida.

La movida también refleja la fractura regional, con Petro enfrentado a Washington, Lula intenta ocupar el espacio que Colombia dejó vacío, pero sin la autoridad ni la credibilidad de antaño. Difícil hablar de paz cuando se ignora que en Venezuela operan redes de Hamas y Hezbolá con apoyo del régimen, y que la frontera colombo-venezolana se ha convertido en un corredor de contrabando, tráfico y entrenamiento irregular.

Lula busca recuperar protagonismo con gestos de estadista global, pero el reloj político marca otra hora, ni Trump, ni Maduro, ni Petro juegan en la mesa que él imagina.

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