La palabra Halloween proviene de “All Hallows’ Eve”, la víspera de Todos los Santos. En la antigüedad celta, esa fecha correspondía al Samhain, el fin del verano y del ciclo agrícola. Se creía que esa noche los espíritus de los muertos regresaban al mundo de los vivos. Con el tiempo, la Iglesia cristiana trasladó la fiesta de Todos los Santos al 1 de noviembre, y la víspera —el 31 de octubre— quedó como All Hallows’ Eve, abreviada Halloween.
Hoy, en Medio Oriente, esa idea de los muertos que regresan adopta otra forma. Hezbolá parece celebrar su propio Halloween, no con calabazas ni máscaras, sino disfrazándose de civil cada vez que firma un alto el fuego. Tras la tregua de noviembre de 2024, el grupo chií prometió cooperar con el ejército libanés, pero los informes más recientes del Wall Street Journal y fuentes árabes confirman que ha retomado el contrabando y la producción de cohetes, usando la calma para reforzar su poder.
Israel, que observa cada movimiento, ha reanudado ataques selectivos contra posiciones en el sur del Líbano, denunciando que Hezbolá esconde armamento entre zonas residenciales. Es la misma táctica de siempre, el enemigo se disuelve entre la población, cambia de rostro, y vuelve a emerger cuando conviene.
El alto el fuego se convierte, así, en un intermedio teatral, Hezbolá interpreta al ciudadano normal, el público internacional finge creerle, e Israel responde antes del siguiente acto. No hay paz duradera, solo pausas para rearmarse.
Porque, al final, en esta parte del mundo, el disfraz más peligroso no es de fantasma, sino de miliciano que se hace pasar por vecino, y cada octubre lo recuerda, mientras Occidente juega a Halloween, Hezbolá perfecciona el arte de ocultarse entre los vivos.
Nota:
Desde la perspectiva del judaísmo, Halloween constituye una celebración ajena a la tradición hebrea, cuyos orígenes se remontan a prácticas de carácter pagano y, posteriormente, a elementos culturales vinculados con la víspera cristiana de Todos los Santos (All Hallows’ Eve). Por esta razón, no se reconoce como una festividad legítima dentro del calendario religioso judío y no es apropiada para su observancia litúrgica. Sin embargo, en contextos contemporáneos y en sociedades de mayoría no judía, algunos sectores la interpretan como una manifestación cultural o social carente de significado teológico, aceptable en la medida en que su práctica no contravenga los principios espirituales ni la identidad religiosa del judaísmo.
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