Mientras aún se identifican los cuerpos de víctimas del 7 de octubre, la reina de Jordania proyecta desconexión emocional y falta de empatía

Mientras aún se identifican los cuerpos de víctimas del 7 de octubre, la reina de Jordania proyecta desconexión emocional y falta de empatía

En Múnich, durante el One Young World Summit 2025, la reina Rania de Jordania volvió a tomar la palabra sobre el conflicto en Gaza. Su intervención, que pretendía ser una reflexión sobre la deshumanización en tiempos de guerra, terminó convirtiéndose en una polémica moral y política.

En el corazón de Alemania, comparó el lenguaje de ciertos líderes israelíes con la propaganda nazi, evocando ecos históricos que en ese contexto resultan imposibles de ignorar.

Sin embargo, la comparación carece del marco en que las palabras originales fueron dichas. La frase “human animals”, pronunciada por el ministro de Defensa israelí Yoav Gallant, ocurrió apenas dos días después del ataque del 7 de octubre de 2023, cuando Hamas masacró a más de mil civiles y secuestró a decenas, incluidos niños y ancianos. Era un país en shock, no un régimen justificando un genocidio. Dos años después, repetir ese episodio sin recordar lo que lo provocó es, como mínimo, una distorsión.

El problema no está solo en la comparación, sino en el momento. Aún hoy, mientras Israel sigue recuperando e identificando los cuerpos de rehenes asesinados en Gaza, la reina opta por un discurso que coloca el foco moral en el país agredido, no en los agresores. Lo que pudo ser un llamado universal contra la deshumanización termina siendo una equivalencia peligrosa, y una herida abierta para quienes todavía entierran a sus muertos.

Pronunciar tales palabras en suelo alemán añade una ironía histórica difícil de sostener. En el mismo país donde el antisemitismo estatal se convirtió en política de exterminio, la monarca de un Estado árabe elige hacer un paralelo que diluye la singularidad del Holocausto. Peor aún, la conferencia ocurre en vísperas de la conmemoración de la Kristallnacht, aquella noche de los cristales rotos que marcó el inicio del terror abierto contra los judíos en 1938. No es solo un error político, es una falla moral que erosiona la legitimidad de su causa.

Durante años, la reina Rania fue vista como una de las voces más moderadas y empáticas del mundo árabe, símbolo de equilibrio entre compasión y realismo. Pero su discurso en Múnich parece marcar un giro, de la defensa humanitaria de los palestinos a la adopción del lenguaje del agravio perpetuo, incluso a costa de la verdad histórica.

Cuando la memoria de las víctimas todavía exige silencio y respeto, la retórica comparativa se vuelve ruido. Y en política, el ruido también deja cicatrices.

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2 comentarios

  1. El dolor por las víctimas del 7 de octubre es innegable, y la crítica a Israel debe ser evaluada. Sin embargo, cuando la Reina Rania equipara estas acciones con atrocidades históricas, es justo aplicar la misma lupa a la monarquía hachemita, pues pareciera olvidar el Septiembre Negro (1970-1971):

    En aquella masacre, el propio Rey Huséin I, su suegro, aplicó una fuerza militar masiva, declarando la ley marcial contra los palestinos para “restaurar la soberanía”. Miles de palestinos murieron o fueron expulsados a Líbano, un evento brutal que contribuyó a la guerra civil libanesa.

    La crítica moral y la exigencia de empatía deben aplicarse a todos, sin excepción. Como se dice en el Evangelio de Mateo 7:3 se ve la paja en el ojo ajeno, pero se olvida la viga en el ojo propio . La historia de Jordania demuestra que las decisiones sobre seguridad nacional y soberanía a menudo han costado vidas civiles, incluso a manos de los propios líderes árabes.

    La tragedia de Medio Oriente es que todos sus líderes y movimientos cargan con la sangre de miles de civiles.

    • Resulta profundamente irónico escuchar a la Reina Rania criticar a Israel, comparando sus acciones con crímenes históricos. La memoria de la monarquía hachemita parece selectiva.

      Durante la crisis del Septiembre Negro de 1970, el trono de su suegro, el Rey Huséin I, fue salvado de un derrocamiento por la OLP y la invasión Siria gracias, precisamente, a la coordinación con Estados Unidos y la acción disuasoria de Israel.

      La amenaza creíble de una acción militar conjunta entre Jordania e Israel llevó a Siria a retirar sus fuerzas y fue un factor decisivo para restaurar la soberanía jordana. De hecho, el propio Rey Huséin I agradeció a la Primera Ministra israelí, Golda Meir, su ‘eficaz operación’.

      Una nación cuya dinastía debe su supervivencia, en parte, a la ayuda israelí, tiene muy poca autoridad moral para compararla con los nazis.

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