El deporte no es, ni ha sido nunca, un espacio apolítico. A lo largo de la historia, ha servido como escenario para expresar ideas, respaldar causas o incluso encubrir regímenes. Desde las Olimpiadas de Berlín 1936, utilizadas por el nazismo como propaganda, hasta los boicots olímpicos durante la Guerra Fría y la exclusión de Sudáfrica por el apartheid, el deporte ha reflejado, amplificado y, a veces, desafiado realidades políticas.
Pero hay una línea que no se puede cruzar: la discriminación por nacionalidad o identidad. Cuando un deportista se niega a competir contra un israelí, no está haciendo una protesta legítima; está cometiendo un acto de antisemitismo. No importa si lo justifica como solidaridad con Palestina, obediencia a su gobierno o un gesto simbólico. Al excluir a una persona solo por ser de Israel, no está rechazando una política: está rechazando una identidad.
La Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés) define el antisemitismo como:
“Una cierta percepción de los judíos, que puede expresarse como odio hacia los judíos. Manifiesta acciones, discursos o expresiones dirigidas contra personas judías o no judías y/o sus propiedades, instituciones u organizaciones.”
En varios países que reconocen esta definición, negarse a competir contra un atleta israelí es considerado un acto de antisemitismo y puede ser causal de sanciones disciplinarias en el ámbito deportivo y legal. No es solo una cuestión moral, sino también una responsabilidad que implica consecuencias concretas.
A continuación, algunos casos conocidos donde deportistas o federaciones han sido sancionados o enfrentaron consecuencias por negarse a competir con israelíes:
1. Feda Sanad (Judo, Jordania, 2019): La atleta jordana se negó a enfrentarse a la israelí Gili Cohen en un torneo internacional, provocando que la Federación Internacional de Judo (IJF) le impusiera una sanción y que Jordania fuera advertida por conducta discriminatoria.
2. Eliminación de Federación de Lucha de Irán (2023): La Federación Internacional de Lucha suspendió temporalmente a Irán por no permitir la participación de luchadores israelíes en competencias oficiales, un acto reconocido como discriminatorio.
3. Caso de Ahmed Abu Ghosh (Judo, Palestina, 2018): El atleta palestino se retiró del combate contra un israelí en un campeonato mundial, lo que generó sanciones y críticas a la Federación Palestina por fomentar la exclusión basada en nacionalidad.
4. Boicot en campeonatos de Taekwondo (varios casos): Atletas de países como Siria, Líbano y Egipto han evitado competir contra israelíes, lo que ha generado sanciones de la Federación Mundial de Taekwondo y denuncias por antisemitismo.
5. Caso de Daniel Boaron, de 16 años, se alzó con el primer puesto en el Gran Premio Nacional de Jiu-Jitsu AJP Tour Italy el 18 de junio 2025, pero debió recibir su medalla en privado, oculto de los espectadores y sin que se interpretara el himno nacional de Israel ni se izara su bandera, debido a “circunstancias delicadas” relacionadas con la situación involucra a Irán que desaconsejaron a los organizadores permitir que el atleta israelí apareciera en la ceremonia pública para proteger su seguridad
En el deporte no hay espacio para esa forma de exclusión. Quien pretende defender una causa justa con un acto injusto, se deslegitima. Y quien convierte al deporte en un vehículo de odio, aunque lo disfrace de activismo, no protesta: discrimina.
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