Adolescentes tratados como delincuentes en un desalojo aéreo

Desalojan a más de 50 jóvenes judíos de un vuelo de Vueling por cantar en hebreo. Seguridad o prejuicio?

El 24 de julio de 2025, un grupo de más de 50 adolescentes judíos franceses fue desalojado de un avión de Vueling en Valencia con destino a París. La versión oficial habla de incumplir normas de seguridad y desobedecer a la tripulación. La otra versión sostiene que solo cantaban en hebreo cuando intervinieron la policía y la Guardia Civil. No hay precedentes conocidos de un desalojo masivo de esta magnitud, especialmente cuando se trata de menores de edad. Entre el protocolo y la sospecha de discriminación queda la pregunta: ¿es aceptable que un canto se vuelva motivo suficiente para sacar a menores de un avión? Lo que ocurrió revela, sin rodeos, que en la frontera entre seguridad y prejuicio todavía caben demasiados silencios.

Imaginemos ahora que el mismo episodio hubiera ocurrido en Estados Unidos, pero en lugar de adolescentes judíos, fueran jóvenes afroamericanos, musulmanes con hijabs o la kefiah palestina. La reacción sería inmediata y contundente. La prensa nacional dedicaría cobertura extensa, los videos se viralizarían en redes sociales y organizaciones de derechos civiles como la NAACP o el Council on American-Islamic Relations (CAIR) intervendrían para exigir explicaciones y acciones legales. Congresistas y políticos denunciarían posible perfilamiento racial o religioso, y las aerolíneas se enfrentarían a demandas colectivas, boicots y sanciones del Departamento de Transporte.

No es mera hipótesis. En Estados Unidos hay precedentes claros que muestran esta dinámica. En 2006, seis imanes fueron desalojados de un vuelo en Minneapolis tras rezar en la puerta de embarque; el caso se resolvió con un acuerdo económico tras acusaciones de discriminación religiosa. En 2016, dos hombres palestino-estadounidenses fueron bajados de un avión por hablar árabe, lo que llevó a una disculpa pública de la aerolínea y revisión de protocolos. Y en 2018, un pasajero afroamericano que llevaba una camiseta de Black Lives Matter fue retirado por “comportamiento disruptivo”, desencadenando protestas de la NAACP y compromisos de la aerolínea para mejorar la capacitación contra prejuicios.

Estos ejemplos revelan que en Estados Unidos la presión social y legal frente a incidentes con carga racial o religiosa es mucho más fuerte. Las aerolíneas deben demostrar con pruebas contundentes que actuaron por motivos de seguridad y no por prejuicios, o enfrentan consecuencias graves.

En Europa, en cambio, la respuesta suele ser más lenta y menos contundente. Aunque las leyes existen, la presión mediática y de grupos civiles no suele alcanzar la misma intensidad. Por eso, casos como el de Vueling generan dudas y suspicacias. La Federación de Comunidades Judías de España y la Embajada de Israel ya exigen a la aerolínea y a las autoridades que presenten grabaciones o informes que demuestren que el desalojo obedeció estrictamente a razones de seguridad y no a discriminación. Sin esas pruebas, el silencio alimenta la sospecha de que aún hoy, en pleno siglo XXI, un canto en hebreo puede ser suficiente para que un grupo de jóvenes sea sacado a la fuerza de un avión.

En 2020, Qatar Airways obtuvo una participación del 25% en International Airlines Group (IAG), empresa matriz de Vueling. Aunque Qatar Airways no es propietaria directa de Vueling, su participación mayoritaria en IAG le otorga una influencia significativa sobre la aerolínea.

Comunicado de la Asociación Yad Vashem España pidiendo una investigación sobre lo ocurrido.

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