Bloquear a Israel en ferias de defensa parece una victoria ética inmediata, pero expone a Francia a perder influencia, contratos y credibilidad a largo plazo.
Han pasado casi dos meses desde que Francia decidió cerrar los stands de varias empresas israelíes en el Paris Air Show (Le Bourget, junio 2025), una medida que encendió tensiones políticas y acusaciones de proteccionismo encubierto.
Hoy, a semanas de que abra DSEI 2025 —la feria de defensa y seguridad más grande del Reino Unido, que se celebrará en Londres del 9 al 12 de septiembre— el debate vuelve a primer plano.
Muchos fabricantes israelíes vetados en París preparan ahora una presencia reforzada en Londres y otros foros como MSPO (Polonia, 2-5 septiembre) o Dubai Airshow (noviembre).
El caso de París se convierte así en una advertencia: decisiones políticas tomadas en nombre de la coherencia moral pueden transformarse en búmeran estratégicos cuando la competencia global no se detiene.
En junio de 2025, Francia decidió impedir que varias empresas israelíes exhibieran sistemas de armas en el Paris Air Show, alegando razones morales relacionadas con el conflicto en Gaza.
De inmediato, la medida fue celebrada por ONG y sectores políticos como un gesto de responsabilidad ética.
Sin embargo, más allá de la superficie, la maniobra revela un cálculo de protección industrial y geopolítica que puede volverse en contra de París y, por extensión, de toda Europa.
Empresas como IAI, Rafael o Elbit Systems representan una competencia directa para gigantes franceses como Dassault, Thales o MBDA.
Sus sistemas probados en combate resultan muy atractivos para compradores internacionales.
Al vetarlos bajo la etiqueta de “armas ofensivas vinculadas a conflictos”, Francia lanza un mensaje inquietante: el mercado europeo no siempre es neutral ni previsible.
Para gobiernos y compradores, la confianza es clave; sin ella, la industria pierde reputación y contratos.
Israel, pragmático, ya está reaccionando.
Si Europa se cierra, Asia, África, América Latina y el Golfo se abren más. Allí, la demanda de tecnología avanzada no depende de la narrativa moral europea, sino de la efectividad, el precio y la transferencia de tecnología.
Israel, marginado en Le Bourget, ya negocia acuerdos bilaterales que antes pasaban por París o Berlín.
El resultado: Europa renuncia a mercado e influencia en nombre de una moral que aplica de forma selectiva.
Para muchos países del Sur Global, este doble rasero es evidente.
Francia veta armas israelíes por Gaza, pero sigue vendiendo cazas Rafale, artillería y sistemas de defensa a Arabia Saudí, Egipto o Marruecos, todos con conflictos activos y denuncias de derechos humanos.
La narrativa de coherencia ética se debilita cuando se aplica según la conveniencia política y comercial.
Mientras tanto, Turquía, Corea del Sur y China aprovechan cada vacío. Los drones turcos Bayraktar, los blindados y piezas de artillería coreanas o los paquetes chinos de bajo costo conquistan contratos que hace una década firmaba Europa sin rival. Vetar a Israel no detiene la demanda: solo la traslada a competidores dispuestos a vender sin filtros políticos.
El veto de junio puede parecer un gesto de principios, pero es un arma de doble filo. Socava la imagen de Francia como socio fiable, reduce su peso como capital de ferias internacionales y allana el terreno a rivales que juegan con reglas más pragmáticas. Proteger la industria propia vetando a un rival fuerte puede dar frutos inmediatos, pero la factura estratégica llega después.
A pocas semanas de que DSEI 2025 reúna en Londres a más de 1.500 expositores y 35.000 visitantes de 50 países, muchos se preguntan si Europa está lista para sostener la coherencia moral sin ceder espacio de mercado a quienes no la practican.
El búmeran, tarde o temprano, regresa.
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