Girona, víctima de vandalismo antisemita

El 5 de septiembre de 2025, el cementerio judío de Girona fue profanado con pintadas antisemitas, un acto que no solo hiere la memoria histórica sino que evidencia la persistencia del odio que algunos pretenden ignorar.

Girona, ciudad de historia milenaria, de calles medievales y del emblemático barrio judío, no es solo un destino turístico, es un testimonio vivo de la presencia judía en Cataluña, de su influencia cultural y económica a lo largo de los siglos.

Hoy, sin embargo, esas piedras que narran siglos de convivencia se ven mancilladas por un acto de barbarie que revela cuán frágil sigue siendo la tolerancia.

El vandalismo del 5 de septiembre no es un hecho aislado, forma parte de un patrón creciente en España y en otras partes del mundo, donde monumentos, cementerios y espacios de memoria judía son atacados con la misma impunidad con que algunos callan ante la violencia verbal y simbólica.

Cada pintada, cada insulto, cada acto de odio es un recordatorio de que la historia no se aprende solo en libros, sino también en la forma en que la sociedad protege o destruye sus patrimonios culturales.

Girona y su provincia, que vio nacer a Salvador Dalí en Figueres, muestran que la región no solo guarda historia medieval y patrimonios judíos, sino también un legado artístico de renombre mundial.

Actos como el del 5 de septiembre dañan físicamente estos espacios, pero también golpean el tejido social y cultural que ha hecho de esta región un referente de memoria, arte y diversidad.

La comunidad judía de Girona exige justicia, pero lo más urgente es la conciencia colectiva.

La memoria histórica no puede ser solo un ejercicio académico, requiere acción, vigilancia y rechazo categórico al antisemitismo.

Cada acto como el del 5 de septiembre es una señal de alarma, la convivencia y la paz no se preservan con indiferencia.

Girona sigue siendo una ciudad de riqueza cultural y belleza arquitectónica, pero este episodio recuerda que la defensa de sus valores, su historia y su diversidad es una responsabilidad de todos.

Ignorarlo sería permitir que el odio siga dejando marcas en los lugares donde la memoria debería prevalecer, y que la indiferencia internacional normalice lo que no debe ser normalizado.

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