Águila no caza moscas. Pero las pone en su lugar.

Águila no caza moscas. Pero las pone en su lugar.

La historia se repite. Lo que en 1996 fue una advertencia a Samper en 2025 vuelve a aparecer con Petro. No es cuestión de orgullo ni de egos sino de reglas.

En 1996 Ernesto Samper se convirtió en el primer presidente colombiano al que Washington le cerró las puertas con la revocación de su visa. El motivo fueron los narcodineros que mancharon su campaña. Hoy Gustavo Petro enfrenta la misma sanción. A primera vista parece el águila rebajándose a pelear con moscas. Pero la historia revela lo contrario. No se trata de engrandecer al adversario sino de recordar que las reglas existen y se cumplen incluso cuando incomodan a un presidente en ejercicio.

Lo verdaderamente inapropiado no es la sanción sino el origen de ella. Un Jefe de Estado que llega a Nueva York para hablar en la Asamblea General de Naciones Unidas no debería aprovechar ese escenario universal para instigar a una población extranjera en contra de su propio presidente. Eso trasciende la crítica diplomática y roza la intromisión directa en asuntos internos. Cuando el púlpito de la ONU se convierte en tribuna de agitación el problema ya no es de retórica sino de legitimidad.

Más aún cuando el mismo Petro en ese mismo foro propone nada menos que la creación de una fuerza militar internacional para controlar Gaza. Una paradoja que avergüenza. Predicar sobre la soberanía de unos mientras se la niega en casa.

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