El calendario judío guarda una memoria amarga. El 6 de octubre de 1973, en Yom Kipur, Israel fue sorprendido por la ofensiva conjunta de Egipto y Siria. Medio siglo después, casi al día exacto, el 7 de octubre de 2023, Hamas desató su ataque más brutal en medio de Simjat Torá. Dos fechas separadas por cincuenta años y un día, unidas por la misma herida, la sorpresa y la traición.
El paralelismo no es coincidencia para la historia, sino una advertencia. Israel, nación forjada en la vigilancia constante, fue doblegada dos veces en su confianza más íntima, la de creer que sus enemigos no se atreverían. En 1973, la traición vino de gobiernos árabes que, tras proclamar la paz, lanzaron sus ejércitos en secreto. En 2023, fue de un grupo armado al que se le permitió administrar Gaza bajo acuerdos tácitos, mientras cavaba túneles y almacenaba misiles.
La sorpresa no es solo un fracaso de inteligencia, es una fractura de percepción. Cincuenta años después, el eco del Yom Kipur resuena en el 7 de octubre, Israel no fue vencido militarmente, pero fue herido en su orgullo, en la certeza de su invulnerabilidad. Y en Medio Oriente, esa es la grieta por donde siempre entra la historia.
Hoy, precisamente en Yom Kipur, otra provocación busca reabrir esa herida. Una flotilla pretende romper el bloqueo de Gaza, no para llevar ayuda humanitaria, sino para desafiar abiertamente a Israel en su día más sagrado. La historia insiste en repetirse, no como accidente, sino como estrategia calculada.
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