Paz o capitulación

Paz o capitulación

Cuanto más se acerca el acuerdo, más evidente se hace la fractura entre quienes buscan el fin de la guerra y quienes temen el fin de su causa.

En Gaza no se negocia una paz, se redacta una rendición. El plan de Trump ofrece lo que en diplomacia se llama “paz impuesta”, no un pacto entre iguales sino la firma forzada de un derrotado. Israel detiene los bombardeos, sí, pero a cambio exige el desarme total de Hamas, su exclusión del poder y la entrada de una fuerza internacional que administre lo que quede de Gaza.

La historia ya ha visto esta fórmula. Alemania en 1919 firmó la paz de Versalles, humillada y mutilada, y de ese castigo nació el resentimiento que encendió otra guerra. Japón en 1945 conoció la paz solo después de Hiroshima, aceptando su reconstrucción bajo tutela extranjera. Irak en 1991 detuvo su ofensiva, pero quedó bajo la vigilancia total de la ONU y el control estadounidense. Ninguna de esas paces fue voluntaria, fueron imposiciones, estabilizadoras a corto plazo y explosivas a largo plazo.

Quien empezó la guerra debe asumir las consecuencias, eso es justicia. Pero el ruido en las calles de Madrid o Londres no protesta por la guerra, sino por el tipo de paz que la sustituye, una paz escrita por los cañones, no por la voluntad. No se puede tener doble moral ni doble rasero, si se quiere paz, solo existe una. Es blanco o negro.

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