Cría cuervos y te sacarán los ojos

Cría cuervos y te sacarán los ojos

El 24 de septiembre de 2025 la ONU legitimó como Estado a Palestina ignorando principios básicos.

La historia enseña que los monstruos que hoy desestabilizan el orden internacional no nacieron de la nada, fueron alimentados por quienes hoy se quejan de su voracidad.

En los años ochenta, Estados Unidos financió a muyahidines en Afganistán para desgastar a la Unión Soviética, décadas después, parte de esa infraestructura ideológica y logística se convirtió en el semillero de Al Qaeda y del 11-S. En Irak, Occidente sostuvo a Saddam Hussein mientras servía de contrapeso frente a Irán, pero cuando el dictador se volvió incontrolable y desafiante, la criatura se convirtió en amenaza global. Europa abrazó a regímenes “pragmáticos” como el de Gadafi en Libia o el de Assad en Siria, hasta que esos mismos aliados provisorios se convirtieron en amenazas directas o en proveedores de caos migratorio.

El patrón no se limita al pasado. En Centroamérica, Ortega fue recibido con honores en Panamá en nombre de la “integración regional”, incluso cuando ya era evidente su deriva autoritaria y su complicidad con el narcotráfico. Hoy, ese mismo Ortega se ha consolidado como un factor de desestabilización para toda la región, apoyando redes ilícitas y brindando refugio a estructuras criminales que amenazan a los mismos países que alguna vez lo legitimaron.

Ayer en la ONU, el debate giró en torno al reconocimiento de Palestina como Estado, pese a que no cumple con las cuatro condiciones básicas de la Convención de Montevideo: población permanente bajo un solo mando, territorio definido, gobierno efectivo y capacidad real de relacionarse con otros Estados. Muchos países prefirieron ignorar la letra del derecho internacional y votar desde la conveniencia política. La resolución fue aprobada con 142 votos a favor, 10 en contra —entre ellos Estados Unidos, Israel, Argentina, Hungría, Micronesia, Nauru, Palau, Papúa Nueva Guinea, Paraguay y Tonga— y 12 abstenciones —incluyendo Albania, Camerún, República Checa, Congo, Ecuador, Etiopía, Fiyi, Guatemala, Macedonia del Norte, Moldavia, Samoa y Sudán del Sur. El resultado es un precedente peligroso, se crían cuervos al legitimar entidades sin atributos estatales plenos, y mañana esos mismos cuervos reclamarán privilegios soberanos mientras continúan dependiendo de facciones armadas, tutelas externas y estrategias de chantaje.

La moraleja es simple, las potencias han alimentado a cuervos creyendo que serían palomas domesticadas. Ahora, cuando esas criaturas se sienten fuertes, ya no piden nada, arrancan los ojos a quienes un día les tendieron la mano.

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