Ahora que somos un Estado reconocido, comportémonos como tal.
La dignidad de un país no se construye con agencias de excepción que perpetúan la dependencia, sino asumiendo la responsabilidad de su pueblo como cualquier otra nación soberana.
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) nació en 1949 como una excepción. Mientras el resto de los desplazados del mundo pasaban al mandato del ACNUR, los palestinos recibieron un organismo exclusivo, diseñado como una solución temporal para atender la emergencia humanitaria tras la guerra árabe-israelí de 1948. Lo “temporal” lleva ya más de setenta años.
Hoy, con el reconocimiento creciente de Palestina como Estado, el sentido de mantener la UNRWA se vuelve insostenible. Un Estado reconocido debería absorber a sus ciudadanos, y en los casos de desplazamiento, la agencia competente es ACNUR. Mantener una agencia paralela equivale a perpetuar un estatus de refugiado hereditario, único en el mundo, que convierte a nietos y bisnietos en víctimas oficiales de un conflicto iniciado hace tres generaciones.
El problema es político, la UNRWA no es simplemente una agencia de asistencia humanitaria, es un mecanismo que mantiene viva la narrativa del “derecho al retorno” a Israel. Esa función sirve a gobiernos árabes y a grupos militantes que prefieren el conflicto congelado antes que una resolución definitiva. La paradoja es brutal, mientras se reclama la soberanía de un Estado palestino, se insiste en que millones de palestinos permanezcan como refugiados perpetuos.
El reconocimiento de Palestina como Estado expone la contradicción. ¿Qué refugiado puede seguir siéndolo cuando ya existe un Estado al cual puede regresar, obtener ciudadanía o integrarse? Si se aplicaran las reglas universales, la UNRWA debería ser absorbida por ACNUR, y su población registrada debería recibir los mismos estándares que cualquier otro refugiado del planeta.
El dilema no es técnico, es político. ¿Se quiere realmente construir un Estado palestino viable, o se prefiere mantener el negocio del victimismo institucionalizado? De la UNRWA a ACNUR no es solo un cambio de siglas, es la prueba de fuego para saber si la comunidad internacional busca resolver el problema o eternizarlo.
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