De las hamburguesas a los brotes verdes en IA: la nueva estrategia del terreno digital

La fórmula de McDonald’s, basada en controlar el terreno más que en vender hamburguesas, tiene hoy un paralelo en cómo las grandes tecnológicas están rentabilizando la inteligencia artificial.

Historicamente, los gigantes tecnológicos destinaron miles de millones a la investigación y desarrollo en inteligencia artificial, sin la certeza de obtener resultados concretos. Hoy empiezan a verse señales, pero la cosecha aún está lejos de ser segura.

Al igual que McDonald’s, que no solo gana dinero vendiendo hamburguesas sino principalmente controlando y rentando el terreno donde operan sus franquicias, Microsoft, Amazon y Google están buscando ingresos estables y sostenibles controlando la infraestructura digital necesaria para la IA. Esta no es solo una batalla tecnológica, sino una estrategia para poseer la base donde se desarrolla el negocio.

Solo grandes monopolios tecnológicos como Google, Amazon y Microsoft pudieron invertir en la investigación, desarrollo y recursos que requiere la inteligencia artificial. Centros de datos, chips personalizados, equipos de investigación y adquisiciones estratégicas se acumularon bajo la promesa de que la IA cambiaría el mundo. El mercado aplaudía el discurso, pero los balances mostraban otra cosa: inversiones masivas sin retorno directo. Hasta ahora.

Según informes financieros publicados entre el 29 de julio y el 1 de agosto de 2025, correspondientes al segundo trimestre del año, estas tres compañías empiezan a reportar un crecimiento relevante en ingresos asociados a servicios de inteligencia artificial, particularmente en sus divisiones de nube. Microsoft señala que un 6% del crecimiento de Azure proviene ya de productos relacionados con IA. Amazon y Google, por su parte, destacan la creciente demanda de empresas que integran modelos generativos sobre su infraestructura.

Pero conviene leer entre líneas. El ingreso no viene del éxito de sus propias herramientas de inteligencia artificial —que aún no logran desplazar a ChatGPT o redefinir la experiencia del consumidor—, sino de algo más básico: el alquiler de infraestructura. Empresas de todo tipo están construyendo sus propios productos de IA sobre la nube de estas corporaciones. Pagan por acceder a chips potentes, por correr modelos, por almacenar datos y por escalar servicios. En pocas palabras, los brotes verdes no están en los productos, sino en el terreno que alquilan a terceros.

Este modelo tiene su lógica. Si la inteligencia artificial es el nuevo oro, las Big Tech no están vendiendo joyas: están vendiendo picos, palas y parcelas. Mientras otros intentan crear el próximo ChatGPT, Microsoft, Amazon y Google se aseguran de cobrar la renta del terreno donde se cultiva esa ambición. No necesitan acertar con su propia IA si pueden cobrar por cada intento ajeno.

La pregunta es si este modelo es sostenible o simplemente una forma sofisticada de justificar el gasto desbordado. ¿Qué ocurre si las empresas aprenden a correr modelos abiertos, más eficientes y locales, sin depender de las nubes de los gigantes? ¿Qué pasa si el hardware clave —como los chips de Nvidia— absorbe todo el margen, dejando a los proveedores de nube con ingresos altos pero ganancias débiles? ¿Y si el entusiasmo por la IA se diluye cuando no logre cumplir sus promesas de transformación real?

Por ahora, hay señales positivas. El negocio de la nube crece, la demanda de recursos para IA se dispara y los inversionistas ven con alivio que la quema de capital empieza a mostrar retornos. Pero conviene no olvidar que estos brotes verdes nacen de un terreno altamente subsidiado, con tasas bajas, narrativa exuberante y concentración extrema del poder tecnológico. No es una cosecha aún, ni mucho menos garantía de éxito. Es apenas un indicio de que, quizá, la apuesta no fue en vano. O al menos no todavía.

En definitiva, la jugada de las grandes tecnológicas con la inteligencia artificial recuerda la célebre estrategia de McDonald’s: no se trata solo de vender un producto —hamburguesas o modelos de IA—, sino de controlar el terreno donde se desarrolla el negocio. Microsoft, Amazon y Google no compiten únicamente por crear la mejor IA, sino por dominar la infraestructura que otros necesitan para construirla y escalarla. Esa posesión del “terreno digital” les garantiza ingresos más estables y un poder que trasciende cualquier innovación puntual.

Por eso, estos “brotes verdes” en IA no deben leerse solo como un éxito tecnológico, sino como la consolidación de un modelo de negocio que busca asegurar la rentabilidad a través del control de plataformas y recursos fundamentales. Mientras otros luchan en la superficie, estos gigantes se aseguran el terreno bajo sus pies. Y en esa partida, el verdadero valor está en la propiedad, no en la hamburguesa.

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