¿Doble rasero colombiano?

¿Doble rasero colombiano?

Cuando se trata de Israel, Gustavo Petro reacciona con furia diplomática, expulsa a todo el cuerpo diplomático, rompe tratados y denuncia crímenes de lesa humanidad por la detención de dos colombianas en la Flotilla Sumud. Cuando se trata de Venezuela, donde decenas de colombianos languidecen en cárceles sin debido proceso, apenas levanta la voz con tímidos exhortos.

El contraste es demasiado evidente para llamarlo coherencia.

La diplomacia de Petro se mide con varas distintas. Con Israel, cada incidente es una oportunidad para erigirse en adalid del Sur Global y de la causa palestina. Con Maduro, la conveniencia política manda, la frontera, la energía, la afinidad ideológica pesan más que los derechos humanos de sus propios connacionales.

No se trata de la gravedad de los hechos, ambos escenarios son graves, sino del cristal político con que se mira. Así, el Estado colombiano se vuelve un actor selectivo, airado contra unos, complaciente con otros. Y en esa asimetría, los colombianos detenidos en Venezuela quedan relegados al silencio.

Petro no mide con la misma vara, mide con la vara que le conviene.

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