En Yemen, ¡Sí, Luis!: La ONU, diplomacia de las palabras y el secuestro de sus funcionarios

Pero exigir no es rescatar, y en Yemen esa diferencia lo es todo.

La ONU condena, pide, urge, convoca. Guterres repite la fórmula diplomática de siempre: declaraciones solemnes, llamados a respetar el derecho internacional, recordatorios de la inviolabilidad del personal humanitario.

Pero en las montañas de Yemen nadie escucha esas palabras; mucho menos los hutíes, que han convertido el secuestro de funcionarios en un instrumento de presión política.

Hablar de “rescate” es una broma cruel. La ONU no tiene tropas.

El Consejo de Seguridad apenas puede ponerse de acuerdo en un comunicado. Y ningún país con capacidad militar está dispuesto a arriesgar soldados en Saná por once funcionarios, por valiosa que sea su labor.

Lo máximo que se puede esperar es una negociación indirecta a través de Omán o Irán, mediada con concesiones que nunca se confiesan en público.

La tragedia es doble: los empleados detenidos saben que su vida depende más de la voluntad de un comandante hutí que de la protección de la bandera azul de Naciones Unidas. Y la comunidad internacional asiste a otro recordatorio de que la ONU puede hablar alto, pero no actuar.

En ese contexto, el titular es inevitable, con la expresión coloquial Venezolana, “¡Sí, Luis!”. Porque nadie cree que Guterres pueda rescatar a sus propios funcionarios.

Y en Yemen, como en tantas otras guerras olvidadas, el abismo entre el discurso diplomático y la realidad sobre el terreno vuelve a tragarse la credibilidad de Naciones Unidas.

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2 comentarios

  1. Y cual es la sorpresa? desde el 13 de junio de 2024 hay más de 50 trabajadores de entidades humanitarias internacionales entre ellas la ONU, que están detenidas en Yemen y hasta el momento no se conoce de su liberación. Ahora el número aumenta a 61.

    La ONU demuestra así su propia incompetencia

  2. Luis Bolívar, nació en Barlovento Venezuela en 1825 en una casona de la familia Bolivar. Sirvió a las tropas patriotas bajo la conducción del general José Antonio Páez como domador y cuidador de potreros. Cuando aseguraba que un caballo era “manso”, la gente respondía “¡Sí Luis!”, dudando de su afirmación.

    Esta expresión “¡Sí, Luis!”, quedó como una forma coloquial y cínica de expresar escepticismo o incredulidad ante una situación. Es similar a decir “claro, cómo no” o “sí, ya me lo creo”, pero con un toque más de resignación y hastío por lo tanto, implica que la persona que habla no tiene la intención de hacer lo que dice, y que el oyente está completamente consciente de eso.

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