Hamas, el espectáculo del sufrimiento y la estrategia del terror, víctimas repetidas y cómplices renovados

Hamas, el espectáculo del sufrimiento y la estrategia del terror, víctimas repetidas y cómplices renovados

Incluso después de pactar un alto al fuego, incumplen su palabra con la misma frialdad con que profanan sus propios acuerdos.

Cada tregua se vuelve una trampa, cada promesa, un cálculo, repitiéndose las víctimas en los mismos escombros, pero el mundo —una vez más— calla. Calla por costumbre, por cobardía o por conveniencia.

Israel, por su parte, es juzgado no por sus enemigos, sino por quienes se dicen neutrales. Cada vez que se defiende, se le exige moderación, cada vez que duda, se le acusa de exceso. El derecho a existir se le concede condicionado, como si su supervivencia dependiera del permiso moral de quienes nunca han vivido bajo el sonido de una sirena o la amenaza de un túnel terrorista bajo su casa. Hamas, en cambio, convierte el sufrimiento en estrategia, la miseria en discurso y la muerte en espectáculo. No busca la paz, busca el tiempo necesario para volver a atacar. Y el mundo —cómplice por omisión— le da ese tiempo.

Detrás de Hamas no hay un pueblo oprimido, sino un tablero de poder. Irán financia, Catar justifica y la ONU observa, paralizada entre resoluciones inútiles y discursos hipócritas. El terrorismo se disfraza de resistencia, una vez más, las capitales del mundo negocian con quienes trafican muerte.
Y así, la historia se repite, los mismos que siembran el odio cosechan víctimas, y los mismos que podrían impedirlo miran cómo se sigue produciendo y enviando droga a Estados Unidos, y aun así cuestionan que se esté intentando detenerla. Porque en este teatro macabro, el silencio del mundo no es neutralidad, es complicidad.

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