La cadena perpetua no es perpetua cuando entra la política de izquierda

¿Qué sentido tiene una condena perpetua si se vuelve canjeable cuando conviene a la narrativa? Abdallah sale, mientras Carlos sigue preso: la justicia hace política, pero con dobles varas.

Georges Abdallah y Ilich Ramírez Sánchez representan la paradoja de una justicia que se adapta a la conveniencia política.

Ambos fueron condenados a cadena perpetua —la pena máxima en Francia, pues la pena de muerte fue abolida en 1981— por terrorismo político durante la Guerra Fría. Sin embargo, mientras Carlos permanece encarcelado por su violencia indiscriminada, Abdallah fue liberado tras la decisión del Tribunal de Apelación de París el 17 de julio de 2025, bajo la condición explícita de que abandone Francia para siempre.

La deportación se hizo efectiva pocos días después, y Abdallah regresó al Líbano, donde fue recibido con una multitudinaria bienvenida cargada de símbolos de la resistencia palestina, banderas de Hezbolá y consignas a favor de su lucha. Fue aclamado como un héroe, reafirmando su postura y vocación política.

El problema no es la prisión de Carlos, sino la liberación selectiva de Abdallah.
Si la cadena perpetua deja de ser perpetua cuando conviene, y la justicia suaviza condenas para alimentar relatos políticos específicos, se pierde la credibilidad del sistema. La decisión refleja una justicia que no es ciega, sino influenciada, donde algunos presos políticos “sirven” para reparar culpas y otros simplemente se olvidan.

Esta decisión deja un precedente preocupante para Francia.

Por un lado, París plantea reconocer oficialmente un Estado palestino cuyas fronteras, tal como están planteadas por sus líderes, invaden el territorio reconocido del Estado de Israel. Mantiene además una retórica crítica hacia Israel. Por otro lado, libera a un militante condenado por terrorismo, recibido como héroe por grupos que hoy mantienen cincuenta rehenes en condiciones infrahumanas.

El gesto, lejos de ser un acto de reconciliación, genera tensiones diplomáticas y cuestionamientos sobre la coherencia y ética de la política francesa en un conflicto que sigue siendo una herida abierta.

El gobierno de Estados Unidos emitió una declaración formal expresando su profunda preocupación por la liberación de Georges Abdallah, calificando la decisión como un “retroceso en la lucha contra el terrorismo internacional”.
Washington destacó que Abdallah fue condenado por asesinatos de diplomáticos estadounidenses y consideró que su liberación envía un mensaje equivocado, especialmente en un momento en que grupos vinculados mantienen rehenes en condiciones inhumanas. El comunicado llamó a Francia a reconsiderar su postura y reafirmar su compromiso con la seguridad y la justicia internacional.

La figura de Georges Abdallah y su liberación despiertan ecos de la Francia que Victor Hugo pintó en su obra clásica “Los Miserables” sobre justicia y desigualdad.

En esa historia, la tensión entre la ley estricta y la justicia humana impulsa una reflexión sobre los límites y contradicciones del sistema legal.

Hoy, esa misma tensión reaparece en decisiones judiciales moldeadas por intereses políticos e ideológicos.

Francia vuelve a enfrentar su paradoja histórica: ¿cuánto pesa realmente la justicia cuando la política toma la delantera? La liberación de Abdallah no es solo un acto judicial, sino un capítulo más en la compleja historia de la justicia francesa, que parece escribir sus propias reglas según el contexto.

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