La Coreografía del Poder

Donde la guerra no solo se libra, sino se representa

El silencio calculado de Rusia entre Israel e Irán

En la dinámica cada vez más coreografiada de los conflictos contemporáneos, donde el uso de la fuerza se combina con la puesta en escena, las ausencias también comunican. El reciente ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra objetivos iraníes —en medio de tensiones regionales renovadas— dejó una pregunta flotando en el aire: ¿por qué Rusia, aliada táctica de Irán y retadora del orden occidental, eligió el silencio?

A simple vista, la respuesta podría parecer contradictoria. Por un lado, Rusia mantiene una cooperación militar estrecha con Irán: desde el suministro de drones Shahed utilizados en Ucrania hasta el alineamiento discursivo en foros internacionales contra Occidente. Por otro, evita cualquier condena a Israel, incluso cuando este ataca intereses iraníes en Siria, Gaza o más allá. Esta doble postura, lejos de ser incoherente, revela una lógica de poder donde el cálculo estratégico pesa más que la afinidad ideológica.

El caso de los más de dos millones de israelíes rusoparlantes —descendientes de inmigrantes de la ex Unión Soviética— no es menor. Su presencia dentro del tejido social, económico y político de Israel convierte a ese país en un espacio donde Moscú prefiere no intervenir de forma directa o confrontativa. A su vez, Israel ha optado por una neutralidad cuidadosa frente a la guerra en Ucrania, sin enviar armas a Kiev ni imponer sanciones significativas, algo que el Kremlin valora. En este equilibrio tácito, el silencio ruso tras los ataques a Irán funciona como una señal de contención mutua, no de indiferencia.

Paradójicamente, esta misma Rusia que se abstiene de condenar a Israel bombardea con drones iraníes ciudades ucranianas donde el ruso es lengua materna para millones. ¿Cómo explicar esta aparente contradicción? La respuesta es clara si se abandona la idea de que la lengua o la cultura definen las alianzas geopolíticas. Para Moscú, el ruso ya no es un vínculo de protección, sino una herramienta narrativa, útil mientras sirva para justificar acciones. En Ucrania, se convirtió en pretexto de invasión. En Israel, en una variable estratégica que justifica la moderación.

Este uso pragmático del lenguaje, de las alianzas y de las narrativas no es una excepción: es la norma de una política exterior que juega en múltiples tableros a la vez. Rusia coopera con Irán donde le conviene, lo silencia donde le incomoda, y actúa con cálculo quirúrgico cuando se trata de sostener sus frágiles equilibrios regionales. En ese sentido, su silencio es también una forma de disuasión: no habla, pero comunica.

Así como algunos actores lanzan misiles con preaviso y precisión, otros lanzan mensajes sin palabras, dosificando su involucramiento en cada escenario. El campo de batalla se convierte en escenario, el ataque en acto simbólico, y el silencio en gesto medido. La política internacional se representa como conflicto, pero se interpreta como teatro.

Un eco del pasado: identidades, reclamos y escenarios coreografiados

En la historia moderna, existen episodios donde la reivindicación de una minoría cultural o lingüística fue el preludio para grandes transformaciones territoriales. En una región del centro de Europa, el reclamo por la protección de una población que comparte lengua y costumbres con un vecino poderoso sirvió como justificación para intervenciones calculadas, presentadas como defensa legítima. La región de los Sudetes es un ejemplo emblemático de esta dinámica.

Este mecanismo —que combina el despliegue de fuerzas, discursos públicos y maniobras diplomáticas— configura un espectáculo de poder donde cada movimiento es parte de una puesta en escena mayor. Así, la manipulación de identidades y tensiones internas se convierte en argumento y pretexto, en señal y acción, en disuasión y provocación.

Esta estrategia, que antecede a muchas de las dinámicas contemporáneas, evidencia cómo el poder no solo se ejerce con armas, sino con símbolos y relatos, construyendo escenarios que buscan moldear percepciones y limitar respuestas.

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