Un día como hoy, París no era la ciudad-luz. Era la ciudad del silencio y de las redadas.
Eran en su mayoría hombres, arrancados de sus hogares y trasladados al recién inaugurado campo de Drancy, que se convertiría en la antesala de Auschwitz.
Aquella jornada fue la primera gran redada de judíos en París.
No tuvo la magnitud del Vel d’Hiv de 1942, pero abrió la puerta a la maquinaria de deportaciones masivas.
Fue el ensayo general de la colaboración entre Vichy, la policía local y el poder nazi.
Recordar el 20 de agosto es entender que la Shoá en Francia comenzó con el silencio administrativo, con la obediencia ciega, con la idea de que detener a 3.000 hombres podía pasar desapercibido.
El 20 de agosto de 1941 no es solo un episodio olvidado de París. Es la advertencia de lo que ocurre cuando la ciudad-luz apaga sus lámparas y se somete a la oscuridad.
Curiosamente, exactamente tres años después, el 20 de agosto de 1944, Charles de Gaulle visitaba el cuartel aliado en Normandía. Allí reclamaba con urgencia la liberación de París, temiendo que la capital francesa quedara fuera de la ofensiva, que la resistencia fuera aplastada o que los comunistas se hicieran con el control de la ciudad.
Dos fechas unidas por la misma ciudad. La París humillada de 1941 y la París que buscaba su redención en 1944.
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