El segundo aniversario del ataque de Hamás coincide con la festividad de Sukot, recordando que incluso en el tiempo de la alegría judía persiste la memoria de la vulnerabilidad y la resistencia.
El segundo aniversario del 7 de octubre caerá dentro de Sukot 2025, la fiesta judía que recuerda la fragilidad del pueblo en el desierto y al mismo tiempo su protección divina. No es una coincidencia banal. La historia judía está marcada por la paradoja, ataques en los días más sagrados —Yom Kipur en 1973, Simjat Torá en 2023— y ahora el recuerdo de esa masacre en medio del Tiempo de nuestra alegría.
El mensaje es incómodo y poderoso. La vulnerabilidad nunca desaparece, ni siquiera en los días que deberían pertenecer solo a la celebración. La sukká, esa cabaña endeble de ramas, refleja exactamente lo que significa vivir en un país rodeado de enemigos, techos frágiles bajo cohetes, pero con la certeza de que la comunidad no se quiebra.
El 7 de octubre quedará incrustado en el calendario como recordatorio de que la alegría judía nunca es ingenua, siempre está marcada por la memoria del dolor. Y al mismo tiempo, es la prueba de resistencia, seguir bailando en Sukot y en Simjat Torá, incluso con la sombra de la tragedia, es la forma más clara de mostrar que el enemigo no logró quebrar el ciclo.
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