Aunque separados por más de medio siglo y por ideologías opuestas, John F. Kennedy, un presidente demócrata, y Donald Trump, un republicano, compartieron una misma lógica de poder: usar la fuerza naval como instrumento de disuasión.
Sus decisiones, en contextos distintos pero con ecos similares, revelan cómo la geopolítica del Caribe sigue siendo un espejo donde Estados Unidos proyecta su influencia y sus temores.
Cuando el presidente John F. Kennedy ordenó una “cuarentena naval” (bloqueo) alrededor de Cuba para impedir que los barcos soviéticos cruzaran una línea marítima y llegaran con más misiles, fue una demostración de fuerza y un acto de disuasión que llevó al mundo al borde de una guerra nuclear, aunque finalmente se resolvió mediante la negociación.
De manera similar, cuando el presidente Donald Trump ordena el envío del portaaviones USS Gerald R. Ford hacia las costas cercanas a Venezuela, también es una demostración de poder y una medida de disuasión. A primera vista, parece dirigida contra el gobierno venezolano; sin embargo, en el fondo podría interpretarse como un mensaje hacia potencias como Rusia, Irán o China, que han incrementado su presencia e influencia en la región. En ambos casos, Estados Unidos usa la presencia naval como un instrumento político para reafirmar su influencia en el hemisferio occidental.
El envío del Gerald R. Ford es un mensaje estratégico a los aliados de Venezuela —Rusia, Irán y China— para disuadirlos de intervenir o expandir su influencia en América Latina. Pero también deja abierta una incógnita: ¿es solo una advertencia geopolítica, o hay en Venezuela algo más que aún no sabemos?
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Es poco conocido, o más bien recordado, que durante la Crisis de los Misiles en octubre de 1962, el presidente Rómulo Betancourt movilizó los destructores de clase Fletcher ARV Nueva Esparta (D-21) y ARV Zulia (D-30) para impedir el paso de buques soviéticos hacia Cuba desde el sur del Caribe, reforzando el cerco naval liderado por Estados Unidos.
También ordenó cerrar el espacio aéreo nacional a vuelos provenientes de Cuba o con destino a la isla, decretó el estado de alerta en las Fuerzas Armadas venezolanas, especialmente en las zonas costeras y estratégicas, ante el riesgo de que Venezuela pudiera ser blanco de ataques o verse involucrada en un conflicto regional.
La firmeza del gobierno venezolano frente a la amenaza soviética reflejaba su compromiso con la defensa de la democracia en América Latina y su rechazo a regímenes autoritarios, en línea con su política exterior.