Hoy, 4 de noviembre, Israel y el mundo recuerdan el asesinato de Yitzhak Rabin, primer ministro israelí y uno de los pocos líderes de su país que se atrevió a apostar abiertamente por la paz con los palestinos.
Han pasado treinta años desde aquella noche de 1995, cuando un extremista israelí le disparó en Tel Aviv tras un acto por la paz. Su muerte simbolizó, para muchos, el asesinato de una posibilidad histórica.
Rabin, antiguo jefe del Estado Mayor del ejército israelí y héroe de la Guerra de los Seis Días, comprendió en sus últimos años que la fuerza militar no bastaba para garantizar el futuro del Estado de Israel. Fue el arquitecto de los Acuerdos de Oslo (1993), junto a Shimon Peres y Yaser Arafat, que por primera vez establecieron un marco para la coexistencia de dos estados, Israel y Palestina. Su célebre apretón de manos con Arafat, en los jardines de la Casa Blanca, quedó grabado como uno de los momentos más esperanzadores del siglo XX.
Mucho antes de convertirse en símbolo de la paz, Rabin había sido un joven comandante del Palmach, la fuerza de élite de la Haganá. Durante la Guerra de Independencia de 1948, fue uno de los oficiales involucrados directamente en la operación “Camino a Birmania (Burma Road)”, como miembro de la brigada Harel. Aquella arriesgada maniobra permitió romper el cerco árabe sobre Jerusalén y abastecer a su población. Esta operación histórica fue representada más tarde en el cine, en la película La Sombra de un Gigante, protagonizada por Kirk Douglas.
Décadas después, ya como primer ministro de Israel, Rabin dirigió el rescate de Entebe (4 de Julio de 1976), conocida como Operacion Trueno, una acción militar que liberó a más de un centenar de rehenes secuestrados por terroristas en Uganda. El éxito de aquella misión, ejecutada a miles de kilómetros de Israel, consolidó su reputación como un líder que combinaba la firmeza militar con la prudencia política. Durante la Operación Yonatan “Yoni” Netanyahu, hermano mayor del actual primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, fue el único soldado israelí que perdió la vida en el rescate.
Treinta años después de su asesinato, la esperanza que encarnó parece lejana. Desde los atentados del 7 de octubre de 2023, el conflicto ha vuelto a su punto más doloroso. Hamás aún mantiene los cuerpos de ocho rehenes israelíes que murieron durante o después de aquel ataque, un recordatorio trágico del ciclo de violencia que Rabin trató de romper. Su visión —dos pueblos viviendo uno al lado del otro, en seguridad y dignidad— sigue siendo una promesa incumplida.
Recordar hoy a Yitzhak Rabin no es solo un acto de memoria, sino una llamada urgente a rescatar la posibilidad del diálogo, incluso cuando parece imposible. En tiempos en que la desconfianza y el miedo dominan, su legado invita a creer que la paz no es ingenuidad, sino valentía.
Una de sus frases célebres resume su convicción más profunda,
“La paz se hace con enemigos, no con amigos.”
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