Febrero de 2025, Turquía vive días de tensión creciente.
La policía realizó operaciones en 51 provincias, deteniendo a 282 personas acusadas de vínculos con el PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, Partiya Karkerên Kurdistanê en kurdo, una organización político-militar kurda fundada en 1978 que busca la autonomía o independencia de los kurdos en Turquía, considerada terrorista por Ankara, Estados Unidos y la Unión Europea, con una historia de insurgencia armada, guerrilla en el sureste del país y presencia en Siria e Irak a través de las milicias YPG/YPJ. Dos semanas después, diez autoridades locales de Estambul fueron arrestadas bajo la misma acusación.
El gobierno turco insiste en presentar estas acciones como una lucha justa contra el terrorismo, pero para los kurdos, las cifras no son solo estadísticas, representan hogares destruidos, familias desplazadas y miedo constante. La retórica oficial habla de seguridad nacional, pero la realidad muestra daños colaterales significativos, detenciones arbitrarias, destrucción de propiedades y civiles atrapados en zonas de conflicto.
En marzo de 2025, un clérigo aleví fue detenido en Estambul por “incitar odio y enemistad”. La comunidad aleví, históricamente marginada, vuelve a ser testigo de un Estado que protege su narrativa mientras oprime a quienes discrepan. Mientras tanto, los armenios siguen cargando con la negación oficial del genocidio de 1915, un recordatorio constante de que la memoria selectiva es parte del poder en Ankara.
El PKK enfrenta hoy un dilema, continuar con la insurgencia en un terreno cada vez más hostil, o aceptar la presión del liderazgo y repliegue parcial. La complejidad del conflicto muestra que la guerra asimétrica deja víctimas invisibles, y que la violencia del Estado puede ser tan dañina como la de la guerrilla.
Estos hechos de febrero y marzo muestran un patrón claro, Turquía aplica mano dura dentro de sus fronteras, mientras proyecta imagen de defensor de la justicia en el exterior. Mientras reclama moral fuera de sus fronteras, en casa se encierra en su propia impunidad. Zapatero a su zapato.
Esta entrada se ha leído 85 veces
